JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD
“ME SIENTO MÁS A GUSTO ENTRE EL SURREALISMO Y EL ROMANTICISMO”
Entrevista de José Antonio Mesa Toré. Fotos de Ricardo Martín
El eco de Aleixandre y Cernuda marcó la obra inicial del poeta y novelista gaditano, miembro de la generación del 50 y Premio Nacional de las Letras.
El barroco tiene en ti a uno de sus más lúcidos valedores. Eso sí, siempre has dejado claro que empleas el apelativo barroco “en la acepción de innovación léxica, y que más allá, de un estilo, se trata de “una conducta artística ante la realidad y ante la vida". Si conmemoramos el ochenta aniversario de la Generación del 27 es porque la celebración que sus miembros hicieron en honor de Góngora fue lo que cohesionó al grupo. Tú has escrito que nadie más barroco que Góngora. ¿De verdad aquella revalorización del poeta de las Soledades ha sido tan crucial para la supervivencia de lo barroco?
Pues según y cómo. Toda esa verbena de la celebración del centenario de Góngora sirvió para sacar al gran poeta barroco del exilio estético, del purgatorio al que lo habían relegado durante tantos años los vigilantes de la santa tradición. Eso fue muy positivo, qué duda cabe. Pero de ahí a que esa revalorización influyera en la supervivencia del barroco hay mucho trecho, a tanto no llegó aquella oportunidad justiciera, entre otras cosas porque el barroco es una especie de constante histórica, una conducta artística latente en los mejores trayectos de la historia universal de la literatura.
“El 27 sacó a Góngora del purgatorio al que lo había relegado la santa tradición”
Los escritores de tu promoción, los “niños de la guerra”, no quisisteis perderos las lecciones de los poetas del 27. La inteligente lectura de Guillén, por parte de Gil de Biedma, la antología del grupo preparada por Ángel González, la huella de Cernuda en Francisco Brines... Tú mismo refieres que el descubrimiento de laantología de Gerardo Diego debió de estimular tus primeras tentativas serias como poeta y reconoces, aparte del magisterio decisivo de Juan Ramón, ecos de Aleixandre y Cernuda en tus inicios. ¿Era ya, para vosotros tan valiosa la aportación del 27 como para que la consideráseis una parte fértil de la tradición a la que también debíais ligaros, o el hecho de que fuesen poetas de izquierdas despertó vuestras simpatías?
No sé... Yo creo que los componentes de ese grupo, suponiendo que se pueda hablar de un grupo más o menos homogéneo, cosa que dudo, se alistaron a la tradición representada por la Generación del 27 porque era sin duda con la que más se identificaban desde un punto de vista estético. Las afinidades políticas vinieron algo después y ya para entonces todos éramos “rojos peligrosos”. En el fondo, la mayoría de los poetas del 50 pensaron que, a partir de esa vinculación con los del 27 podían reinventar y aún enriquecer esa tradición. Y algo de eso hubo, al menos en el caso de algunas personalidades aisladas, incluyendo ahí a ciertos poetas coetáneos que no figuraban en la lista canónica: Feria, Gamoneda, Padorno, César Simón...
Han tenido que pasar muchas décadas para que vaya quedando establecido que el 27 no fue sólo un selecto grupo de poetas, sino que incluyó también a novelistas, pintores, músicos, escenógrafos, cineastas... La narrativa del 27, ¿influyó a los novelistas de tu promoción?
No, a mí me parece que no. Esa narrativa del exilio apenas tuvo presencia en el desarrollo de la novela del 50. A mí, al menos, no me afectó para nada. Yo fui un lector más bien tardío de Ayala, de Rosa Chacel, de Sender, de Barea... Al que más frecuenté, y tampoco mucho, fue a Max Aub. A los otros los leí poco ymal, en general remitían a un tipo de realismo del que soy muy poco partidario.
El derechazo que Dámaso Alonso propinó en plena mandíbula a Ángela Figuera Aymerich provocó que Cernuda le dedicara el verso: “príncipe tú de un sapo”. ¿Crees que se lo mereció?
No, no estoy nada de acuerdo con esa injuria... Dámaso, que tenía una magnífica sensibilidad crítica, era una persona bastante miedosa, quién lo duda, bastante mediatizada por la cultura oficial, nunca se atrevía a dar la cara. Pero también era enemigo de las solemnidades y las beaterías y muy aficionado a las juergas, podía llegar a ser muy parrandero, muy disparatado... El insulto de Cernuda ni es justo ni tiene gracia.
Tu literatura se entronca con el surrealismo. Abandonada pronto tu atracción por el neopopularismo de Lorca o de Alberti, ¿el mejor Alberti es el de Sobre los ángeles? ¿Y el mejor Lorca el de Poeta en Nueva York?
Pues ya no estoy tan seguro... Lo del neopopularismo es cierto, ha llegado a incomodarme tanto como el costumbrismo. Y aunque donde yo me siento más a gusto es entre el surrealismo y el romanticismo, el mejor Lorca quizá sea hoy para mí el del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Alberti seme ha ido quedando un poco a trasmano, un poco opaco, no sé… En tiempos fui muy devoto de Sobre los ángeles, de Sermones y moradas, pero ya no tanto.
Por supuesto, muchas veces contradictorio, pero Bergamín parece erigirse como el gran intelectual de su generación
Bergamín era un personaje “sin segundo”, por usar una expresión que ya no se emplea, pero que a él lehubiese agradado. Unhombre inteligente, insobornable, imprevisible, ingenioso, de una agudeza extraordinaria y de una habilidad asombrosa para sacar las cosas de quicio para sacar de quicio a los majaderos. Era el espíritu de la contradicción, incluso el episodio de su muerte tuvo mucho que ver con eso. Yo lo traté bastante en París y en Madrid y lo que prevalece en mi recuerdo es su valentía, su ingenio, su independencia.
Dejo adrede para el final a Vicente Aleixandre y a Luis Cernuda, los dos poetas más mencionados por los comentaristas de tu poesía como sus más claras fuentes. Del primero, supongo, que te atrajo el irracionalismo; también dicen que aprendiste en él, y en Neruda, la precisión a la hora de elegir adjetivos... Del segundo, la manera de verter el culturalismo en el poema.
Vete a saber, de todo eso hace ya mucho tiempo... Yo fui un lector bastante precoz de Aleixandre, de modo que estamos hablando de hace un siglo, o sea, de cuando yo todavía no había perdido la inocencia poética. Quizá asomen ciertos modales expresivos suyos por mi primer libro, pero se me desdibujaron muy pronto, cosa que no me ocurrió con Neruda, sobre todo con el de Residencia en la tierra, cuya manera de adjetivar sigue pareciéndome admirable. De Cernuda sí aprendí bastante, más que nada en el aspecto sintáctico, aunque tampoco creo que esos contagios fueran muy constantes.



