Mujeres de vanguardia

Las pintoras del grupo formaron parte de lasnuevas corrientes estéticas y de la batalla contra las normas sociales

JOSÉ LUIS FERRIS

Como la mayoría de miembros del grupo poético del 27, las pintoras nacieron durante la primera década del siglo XX y su excepcionalidad quedó manifiesta con su ruptura de las formas y losmodos tradicionales dentrode ese frente comúnconocido como las vanguardias.Nos referimos a Maruja Mallo, Ángeles Santos y Remedios Varo. Considerar a estas tres mujeres como las más representativas de la pintura del 27 no es ninguna temeridad, sobre todo si nos basamos en su audacia creativa y en la constante evolución de sus respectivas obras, en su primitiva adscripción a un surrealismo que adquiere en ellas rasgos singulares y propios.

En el caso de Maruja Mallo (1902-1995), su participación en la gran aventura de la vanguardia fue, sin duda, más allá de la mera expresión plástica, llegando a librar una permanente batalla contra los convencionalismos sociales y los criterios morales que imperaban en la época y que relegaban a la mujer a un plano inferior. Tras pasar la infancia y la adolescencia en Galicia y Asturias, en 1922 llega a Madrid con su familia e ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde coincide con Salvador Dalí. De la mano del pintor catalán entrará en el círculo de la Residencia de Estudiantes y entablará estrecho contacto con Federico García Lorca y Luis Buñuel, todo un cuarteto de artistas que vivirá intensamente la efervescencia cultural y transgresora de esos años, aunque será a partir de 1925 cuando la obra y la vida de Mallo sufra un importante giro al iniciar el noviazgo con Rafael Alberti y extender su radio de acción a nuevas amistades como María Zambrano, Concha Méndez y Benjamín Palencia.

Su primer y sonado éxito llegará en 1927 al ser presentada en los salones de la Revista de Occidente –su primera exposición individual– por Ortega y Gasset al público de Madrid. No cabe duda de que, tanto Ortega como buena parte de los críticos del momento, habían visto en las pinturas deMaruja Mallo un firme ejemplo del “arte nuevo”, aunque aquella muestra colorista y audaz poblada de verbenas, figuras del deporte y maniquíes, no tardaría en variar el rumbo hacia otros planteamientos estéticos, siempre fieles a su denuncia de los tabúes y las prohibiciones que acechaban a la condición de la mujer. Era un nuevo giro de tuerca que se alejaba de la visión festiva delmundo para recrear ahora una concepción doliente y trágica de la civilización,unanueva etapa estética que se inauguraba con la serie Cloacas y campanarios. Fue su contacto con la llamada Escuela de Vallecas, su descubrimiento de un paisaje en descomposición y la conciencia de saberse parte de una humanidad ciega y destructiva, las razones que le llevaron a tomar una actitud contracultural y crítica.

De Frau, Roëset, De Velasco,Minguillón o la argentina Borges, también consumaron una obra de interés

En 1932 viaja a París, donde permanece un año y donde toma contacto con los padres del surrealismo así como con Joaquín Torres García, creador del “Grupo Constructivo”, cuya influencia marcará la nueva dirección de su pintura, ahora apoyada en el orden geométrico, en la arquitectura y la matemática de la naturaleza. Esta fase de producción artística basada en formas puras, en contornos precisos, en composiciones equilibradas de factura aparentemente fría, será una constante a lo largo de los años, ya fuera en su largo exilio americano tras la contienda civil como a su regreso a España en 1965, donde volverá a exponer en 1979 con una pequeña muestra antológica celebrada en la madrileña sala Ruiz-Castillo. En ese tiempo, muchos la daban por muerta y otros recelaban de la leyenda que envolvía su estrafalaria figura. Su muerte en 1995 puso punto y final a una de las artistas más adelantadas, libres y visionarias de su época.

 

Maruja Mallo, Ángeles Santos y Remedios Varo son las más representativas de la pintura del 27

Remedios Varó (1908-1963), como Mallo, se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Su contacto con el surrealismo tuvo lugar en 1930, experiencia que vivió junto a su esposo, el también pintor Gerardo Lizárraga, pero sobre todo al trasladar suresidencia a Barcelona y conocer a Óscar Domínguez, que era, junto a Dalí y Miró, uno de los principales representantes del surrealismo. Sería este lenguaje, el que llegaría a definir íntegramente su obra, sobre todo tras su experiencia parisina con Max Ernst, Paul Eluard y André Breton. Pero sus planteamientos fueron muy personales, debido a que rechazó los temas escabrosos y trágicos, dando lugar a una plástica llena de imágenes dotadas de lirismo y armonía. En1937, poco después de comenzar la guerra civil, marcha a París con su nuevo compañero, Benjamín Paret, pero al estallar la guerra en Europa en 1941, se traslada definitivamente aMéxico, donde permanecerá hasta su muerte en 1963. Es en este país americano donde realizó su obra más significativa y donde quedó patente la singularidad de una pintura onírica de pequeño formato, una plástica donde se relataban, bien en dibujos o en collages, las posibilidades metafóricas del surrealismo, siempre equipado de una gran carga poética y de un particular misterio.

Ángeles Santos nace 1911 en Portbou, Gerona. Apenas es una adolescente cuando pinta Un mundo y Tertulia, obras que le otorgarían un merecido lugar en el arte del siglo XX y que la llevarían a alcanzar el éxito y el reconocimiento de intelectuales y artistas del momento. En 1929, su cuadro Un mundo, presentado en el IX Salón de Otoño madrileño, la sitúa como una de las artistasmás interesantes de la época, perfectamente conectada a la vanguardia pictóricamás transgresora y con la literatura y el arte del final de los años veinte, reclamando la atención especial de Ramón Gómez de la Serna, Pancho Cossío, Juan Ramón Jiménez  y Jorge Guillén. En 1933 su familia se instala en Barcelona y en 1935 conoce al pintor Emili Grau Sala, con quien se casa en 1936. Su obra experimentaba ya un claro proceso evolutivo que va de unos iniciales planteamientos surrealistas y simbolistas, a un tipo de pintura naturalista, en la que  priman los paisajes urbanos. Con el estallido de la contienda civil, el matrimonio huye a Francia, pero Ángeles, embarazada, regresa a España y vive con sus padres y con su hijo Julián en varias ciudades. En 1960 se establece en Barcelona y retoma supintura, aunque es en 1962 cuando se reúne, veinticinco años después, en París con su marido, de donde regresará definitivamente en 1975, tras la muerte de éste. Desde entonces, no ha dejado de pintar ni de realizar exposiciones individuales, aunque su obra de los años veinte y treinta es la que, sin duda, ha pasado a formar parte de la historia de la vanguardia española.

No podemos cerrar esta aproximación a las pintoras del 27 sin citar, almenos, a otras artistas de ese periodo que, pese a moverse en un contexto regional o provincial, como Margarita de Frau, María Roëset, Rosario de Velasco, Julia Minguillón o la argentina Norah Borges (1901- 1998), muy vinculada al movimiento ultraísta de los años 20, también consumaron una obra de interés dentro de la experiencia vanguardista.