PABLO GARCÍA BAENA
“La autenticidad de la poesía es decir lo que uno siente de verdad por dentro”
ENTREVISTA DE ANTONIO RODRÍGUEZ JIMÉNEZ. FOTOS DE RICARDO MARTÍN
Pablo García Baena volvió hace unos meses a la poesía con Los Campos Elíseos. Desde hace cuatro años vive en Córdoba, aunque sigue dirigiendo el Centro Andaluz de las Letras con sede en Málaga. García Baena fue junto a Ricardo Molina el motor de Cántico, pero su obra, construida con una perfecta arquitectura, continúa en una línea ascendente, tanto en lo que se refiere a la calidad de su expresión como a la intensidad de su contenido. Hoy es uno de los poetas españoles de más prestigio. En su haber figuran galardones como el Premio Príncipe de Asturias, el de Hijo Predilecto de Andalucía, el Andalucía de las Letras y las Medallas de Oro de la Ciudad de Córdoba y de la Provincia de Málaga. Recientemente obtuvo el Premio Andalucía de la Crítica por su libro Los Campos Elíseos, publicado en 2006.
La publicación de su último libro, Los campos Elíseos, se produjo tras quince años de silencio y sin editar. ¿Qué motivó esa esperada vuelta?
En realidad no ha sido una vuelta porque después de Fieles guirnaldas fugitivas seguí haciendo poesía con el ritmo lento, con mi misma lentitud de siempre. Después de publicar ese libro seguí escribiendo, sobre todo a raíz de los viajes que he ido haciendo.
Los temas siguen ahí, aunque los poemas son más hondos, más definitivos. ¿Qué opina?
Es posible que haya menos cromatismo, deslumbramiento de metáforas. Son poemas más escuetos sin perder esa nota más paulina. Como me operaron de cataratas veo las cosas con menos brillo. Es el paso de los años. Siempre se ha dicho que el poeta escribe un solo libro. Hay, es verdad, una mirada más apagada, pero sin que pierda lo misterioso de mi poesía. Me gusta que el lector pueda adivinar cosas y me gusta sugerir mucho.
Dejó usted Málaga hace cuatro años, losmismos desde que se instaló de nuevo en la Córdoba que lo vio nacer tras cuarenta años de ausencia. ¿Qué balance puede hacer de su vida aquí?
Yo siento en Córdoba una especie de serenidad. La tranquilidad que da estar rodeado de familia. Los poetas y la gente son muy amables conmigo. Málaga era para el desenfreno de juventud y Córdoba es para morir, como decía Lorca, aunque conste que yo no he venido a eso.
¿Qué ha quedado del Grupo Cántico?
Ya quedamos Liébana y yo. Los demás han desaparecido,y en su obra cada uno ha ido afianzando su personalidad. Da tristeza hablar de todo aquello. Lo importante es referirnos a la amistad que nosmovía. Al que echomás demenos es a Ricardo. Él estaría ahora en la Real Academia. Sería una alegría grande contar con su presencia. Si hubiera vivido un poco más habría asistido al renacimiento de Cántico.
Es curioso, Pablo, cómo al cabo de los años la poesía española os ha dado la razón, porque la poesía del grupo Cántico, y especialmente la suya, con ese acentuado sensualismo esteticista, algo barroca y muy vitalista, se ha convertido en una referencia ineludible, cuando en aquella época pasó algo inadvertida o silenciada. ¿Cómo lo ve ahora?
Yo pienso, y esto es un consejo para los jóvenes, que nada hay más perecedero que la moda. Y en el momento en que un poeta joven hace los poemas tal y como se llevan en ese instante, eso va a pasar tras dos años y va a estar totalmente olvidado. Nosotros hicimos la poesía que sentíamos y no nos dejamos llevar en absoluto ni por modas ni por cantos de sirenas. Seguimos reuniéndonos, hablándonos, contándonos nuestros amores y también nuestros poemas, pero no intentamos más. Lo que no nos hizo cambiar es el sentido de lo que creíamos que era la poesía, ni la poesía social, ni las vanguardias, ni la posterior poesía de la experiencia. nosotros seguimos siendo los poetas de Córdoba, y apostábamos por lo auténtico de la poesía. En aquella época, unos estaban a la derecha, otros a la izquierda, pero eso son cosas que no tienen nada que ver con la poesía. La autenticidad de la poesía es lo verdadero, lo que únicamente hay que pretender siempre: tener una voz propia, decir lo que uno siente de verdad por dentro. Aunque eso es tan difícil... Ahora parece que los poetas jóvenes escriben todos iguales. Hay un aforismo de Juan Ramón que dice si te dan un papel rayado escribe de través, pero ahora se olvidan de eso y parece que todos escriben con marquillas, son todos iguales.
Mucha gente se pregunta por la utilidad de la poesía. ¿Cuál es su opinión sobre esto?
Yo creo que lo deslumbrante de la poesía es que no sirve para nada. Puede servir en un momento dado a un adolescente para que le cuente algo que él siente. Puede ayudar en ciertos momentos, pero es la cosa más inútil del mundo. Los editores no la quieren publicar. No la quieren editar ni la quieren repartir por las librerías.Hay libros que interesan pero no están. Creo que no interesa. Pero está ahí desde que el hombre nace, desde la sombra del paraíso, evocando a Aleixandre.
Con el paso de los años, supongo que no tendrá conciencia de grupo, algunos de sus compañeros han desaparecido -como Ricardo Molina, Juan Bernier o Julio Aumente - y desde siempre las obras han funcionado individualmente. ¿Qué ha quedado de todo aquello?
La revista Cántico sirvió indudablemente. Creamos un grupo compacto y eso ayuda. En el primer momento hicimos un frente común para lanzar la revista de alguna manera. Luego, Guillermo Carnero nos puso la etiqueta. A la larga hemos ido arrastrando Cántico todos los miembros. Lo triste fue que Ricardo no conoció el revival de Cántico. Sí Juan Bernier, Mario López y Vicente Núñez, tan unido a Cántico, que lo fue por sus afinidades hacia nosotros. Carnero fue el que apostilla "el grupo Cántico". Porque no hay el grupo Caracola, Platero, pero Cántico sí, siendo como somos poetas tan distintos unos de otros. Un poeta de Cántico se ve a la legua, se conoce por su estilo. Pero estamos ahí acollarados.
Luego desaparecen algunos poetas amigos y afortunadamente nos quedan sus versos. ¿No ve la poesía, la obra, lo que queda como un intento del poeta de quedarse en este mundo? Almenos parece un consuelo.
Yo no lo pienso así. Ricardo Molina en un artículo sobre Cernuda dice algo parecido a eso: el afán del poeta es permanecer. Pero el poeta que empieza tan joven cómo va a pensar en la muerte. Quién piensa en la muerte. Somos los viejos y nos resistimos. Hay muchos grandes poetas olvidados, como Juan Ramón o Aleixandre, pero afortunadamente con los centenarios y conmemoraciones vuelven, como ahora con Ricardo Molina o recientemente con Cernuda. La influencia de Cernuda es innegable. ¿Pero él hizo su obra para quedar? Él habría dado toda su obra por vivir unos años más. Yo no lo creo. La poesía es la vida, no la muerte.
En su poesía se ve el goce, lo pasional, el fervor pagano y terrestre, aunque a veces también hay elementos religiosos. ¿Qué intenta aportar con sus versos a su propio conocimiento y al de los demás?
Yo no me siento importante para decir que esto tiene que ser de esta manera o de otra. Lo único que intento es que sea verdadera, que sea lo más parecido a lo que yo siento, pero aportar no, porque en poesía está todo dicho desde Berceo. Tú lo que tienes es que tener voz propia, pero yo no he aportado nada, con mis pequeñas cosas paganas, amorosas, carnales. Junto a todo eso debe estar la liturgia de los sentidos. El poeta lo que tiene que aportar es su vida. Esa es la grandeza de la poesía.
El tema de la muerte, desde Jorge Manrique hasta la actualidad, es muy recurrente. Usted, a veces, lo toca levemente. ¿Cuál es su opinión sobre la muerte? ¿Qué hay detrás de ella, si es que hay algo?
Esperamos que haya algo. No nos conformamos con desaparecer del todo. No como poetas, sino como seres humanos sencillamente. No nos cabe en la cabeza que dejemos de ser. Indudablemente hay un más allá. Me siento creyente y creo que debe haber algo más alto. ¿De dónde sino llega la poesía?
“Nosotros hicimos la poesía que sentíamos y no nos dejamos llevar en absoluto ni por modas ni por cantos de sirenas. Seguimos siendo los poetas de Córdoba, sencillamente”



