ENSAYO Y POESÍA
Grupo Cántico y Jorge Galán Fernando Savater y Ricardo Muñoz Suay
LECTURAS NARRATIVA
EL GRUPO CÁNTICO AHORA MISMO
LUIS ANTONIO DE VILLENA
UNA ANTOLOGÍA QUE PRETENDE MARCAR LAS DIFERENCIAS Y DISTANCIAS DE LOS POETAS DE CÁNTICO Y AL TIEMPO VERSUS CERCANÍAS Y AFINIDADES
Cuando a fines de 1970 empecé a saber (como otros poetas demi generación) lo que fue el grupo Cántico de Córdoba me encontré con una ausencia. Estaban completamente olvidados, no escribían –Ricardo Molina, el más tenaz, había muerto en 1968- y quienes sabían de ellos, los ubicaban irremediablemente en el pasado. Los fui hallando poco a poco (a veces en librerías de viejo o de lance) y no sólo concluí encontrando altos poetas, sino en la mayoría de los casos, cuando los fui conociendo, grandes, a menudo inolvidables amigos. Hacia 1980 –diez años después- Cántico era ya una realidad asumida de nuevo en la literatura española y casi todos sus poetas –ya no venía tan a cuento lo de grupo- estaban otra vez en marcha.
Si decidí hacer la antología y el estudio que acaban de aparecer, El fervor y la melancolía. Los poetas de Cántico y su trayectoria, ha sido sobre todo para comenzar a demostrar –queda mucho por hacer- que los poetas sobrevivieron amplia y fecundamente a la revista, que cerró su segunda época en 1957; que dentro de los postulados comunes había y hubo notables diferencias entre ellos ( de calidad también); y finalmente por poner al alcance del lector general un cuerpo textual al día de la obra de todos los poetas del grupo, alguna fácil de hallar y otra mucho menos, pero desde hace años (quizá desde la antología de Julio Calviño de 1988) no recogida en una muestra de la labor total del conjunto. En tal sentido mi libro es queridamente algo contradictorio, pues pretende marcar las diferencias y distancias de los poetas de Cántico, que en absoluto fueron iguales, y al tiempo ver sus cercanías, sus afinidades, un común denominador no menos notable que esas diferencias.
Acaso en este sentido lo más chocante y desde luego novedoso sea la inclusión en una antología de Cántico del ipagrense Vicente Núñez. Porque Vicente (lo comenté mucho con García Baena, que me sugirió la inclusión) no fue propiamente hablando un poeta de Cántico, sólo colaboró y no mucho en la segunda época, la menos distintiva, pero se sintió siempre muy cerca de casi todos los poetas del grupo. Contradictoriamente otra vez (pero hay contradicciones muy creativas) Vicente Núñez pertenece ampliamente a Cántico pero sin duda no del todo. Un libro como sus Himnos a los árboles no hubiera sido escrito por ningún poeta del Cántico estricto, pues Núñez es tentado –y muy bien- por una metafísica de lo abstracto donde los demás, cada cual a su modo, hubieran resuelto esa llamada en una clarametafísica de lo sensorial y sensitivo. Hay un Núñez que no es de Cántico (el menor cuantitativamente) pero el resto, desde Los días terrestres a Teselas para un mosaico, sí está muy cerca y acorde con sus amigos cordobeses.
Creo, en fin, que el más alto poeta del grupo ha sido y sigue siendo, ese discreto orífice al que llamamos Pablo García Baena. Quizás el poeta que más necesite una nueva lectura sea Ricardo Molina (con quien el tiempo fue más injusto) y desde luego los menos comprendidos en este momento son Juan Bernier (de quien aún falta una poesía completa) y desde luego Julio Aumente, quien a partir de El canto de las arpías comenzó una ruptura con el esteticismo aparente del grupo, que no deja de ser sino un esteticismo distinto, que juega con lo irónico y con lo jergal, en un ámbito joven y políticamente incorrecto. No es a mí, obviamente, a quien cumple juzgar este trabajo, hecho desde la cercanía. Quedaré más que satisfecho si los lectores y los estudiosos de Cántico (y de cada no de sus poetas en particular) se acicatean y animan. Por lo pronto ya ha salido una nueva edición de la poesía completa de Ricardo Molina.
El fervor y la melancolía. Los poetas de Cántico y su trayectoria
Ed. de Luis Antonio de Villena
Vandalia. 19,95 euros. 336 páginas
UNA CRÓNICA DE LA EXPERIENCIA
MANUEL RICO
El salvadoreño Jorge Galán (San Salvador, 1973) ha obtenido el premio Adonais, en contra de lo que es habitual en la historia de este galardón, tras una dilatada y sólida trayectoria. Poseedor de importantes premios en poesía, novela, teatroy cuento infantil, esta Breve historia del alba está en la tradición de la poesía latinoamericana más apegada a lo telúrico y originario. Breve historia del alba tiene algo de novela lírica, una nove la que evoluciona a través de la construcción de estados de ánimo, de sueños, de alardes imaginativos, de apelaciones a la memoria y de búsqueda del yo más radical en la experiencia del otro y de los otros.
Su hilo argumental es sencillo: la crónica de la experiencia del sujeto poético en el tiempo que transcurre entreunatardecer —los alrededores del crepúsculo— y el amanecer del día siguiente—la irrupción del alba. Sin embargo, el enfoque con que Jorge Galán lo aborda es complejo, poliédrico. A una primera parte, La tarde o acto de desaparición, compuesta de poemas en los que se evocan instantáneas o retazos de la memoria cuyo nexo es la conversión del anochecer en una metáfora de la proximidad de la muerte, de lamadurez y del escepticismo, sucede lo que el lector interpreta como preludio del sueño. Así, Historias mínimas, el segundo capítulo, es una recapitulación íntima antes de que las sombras y la inconsciencia se apoderen de la mente del sujeto poético. En esas historias hay recuerdos, hay escenas captadas de la vida cotidiana, hay desdoblamientos del yo y esbozos de solidaridad que bordean la poesía social. Tal vez sea enesta parte donde cada poema es un cuento.
Ámbito más allá, la tercera partedel libro, está compuesto de siete sonetos en los que lo onírico se mezcla con la reflexión sobre las capacidades del lenguaje al calor de la pugna que, en la realidad y en el poema, establecen la luz y la oscuridad. Es como si tras la fase de recapitulación que precede al sueño, el poeta se dejara llevar por un mundo sbterráneo, surgido del inconsciente en que se sumerge y en el que, sin embargo, despuntan la vida y la memoria. El libro se cierra con una vuelta a la narratividad de la segunda parte. El apartado último “narra” la proximidad del alba y el alba. Pero ambosmomentos aparecen tamizados por la sombra, por un reflexión existencial en la que está presente, de una maneranada sutil, lamuerte y su amenaza, pero en la que prevalece, por encima de todo, la vida, el “alba”: “He sido y empiezo a ser”.
Jorge Galán utiliza un lenguaje que ensaya imágenes próximas al surrealismo y, a la vez, se maneja con destreza en las formas clásicas. Aunque parezca paradójico, ése es quizá el talón de Aquiles de Breve historia del alba. La prolijidad, la tendencia del poeta a recrearse en imágenes o adjetivaciones no siempre necesarias, hacen que, en ocasiones, su verso bordee la desmesura, lo que resta intensidad a algunos poemas aunque en muy poco disminuya el nivel de ambición con que el libro ha sido escrito.
Breve historia del alba
Jorge Galán
Premio Adonais 2006
Ediciones Rialp. 7 euros. 80 páginas
LAS RAZONES DE LA FE
VÍCTOR GÓMEZ PIN
SAVATER MUESTRA SU PREOCUPACIÓN POR LAS ACTITUDES RELIGIOSAS EN PERSONAS QUE HAN DADO MUESTRAS DE ENTEREZA ANTE LOS EMBATES DE LA VIDA
Si se hiciera una encuesta entre los ciudadanos relativa a lo que les sugiere la palabra filosofía, abundarían las respuestas en el sentido de que los filósofos son gente que habla en una jerga oscura sobre asuntos que sólo a ellos (en el mejor de los casos) interesan. Pues bien, el libro que aquí glosamos es un ejemplo de lo contrario: el filósofo se ocupa de asuntos que a todosnos conciernen, en la terminología clara y precisa que exigía Descartes.
Fernando Savater, curtido en el tratamiento de problemas absolutamente comprometedores para nuestra condición de ciudadanos y que desde luego afectan a la dignidad misma de nuestra vida espiritual, aborda la cuestión de la vida eterna o, por mejor decir, la cuestión de aquello ue mueve a los hombres a intentar conciliar dos términos (vida y eternidad) de entrada absolutamente contradictorios. Fernando Savater es hijo de la tradición ilustrada y, desde luego, se halla marcado a fuego por el vitriólico pensamiento de Voltaire a la horade denunciar las falacias de los vendedores de ilusiones. Pero que nadie se llame a engaño, este libro sólo ha podido ser escrito porque el hecho religioso es tomado rigurosamente en serio. No se trata en absoluto de espachar la cuestión con exabruptos, reduciendo la creencia religiosa a superstición que la ciencia habría definitivamente permitido superar.
Una de las cuestiones que más preocupa al autor es precisamente la persistencia de actitudes religiosas, más o menos encubiertas, en personas, no sólo cultivadas, sino que han dado probadas muestras de entereza ante los embates de la vida, y de gallardía a la hora de enfrentarse a la injusticia o a la iranía. Ello posibilita que, aún ratificando enteramente la convicción de que Fernando Savater será uno de esos “ateos en el lecho de muerte” por él evocados, tu libro describa congrantino (y como decíamos clarísima expresión) las esperanzas, inquietudes y sobre todo los interrogantes de aquellos que mantienen la apuesta contraria.
Como no podía sermenos en el autor, peso importantísimo tiene en el libro el análisis de la actitud de los filósofos ante el hecho religioso: desde la visión de Spinoza (tan simpática para tantos no creyentes porque, de hecho, su Dios es apenas un significante designativo de algo en lo que, más omenos, todos creemos) hasta las de Vattimo y Massimo Cacciari, pasando por la de Hegel (en la que Dios es la expresión, digamos popular, del ansiade absoluto que anima el durísimo trabajo del filósofo). La vida eterna circula por estos problemas con pasmosa habilidad, presentándolos al lector depurados de la caspa con la que suelen aparecer en losmanuales. Particularmente impactantes son, al respecto, las diatribas filosófico-teológicas sobre la compatibilidad de la idea de Dios y la existencia del mal, haciendo revivir, para el lector de entrada ajeno a estas disquisiciones, párrafos como el siguiente de Lutero:“este es el grado más alto de la fe, el creerle clemente, a Él, que salva a tanpocas almas y condena en cambio a tantas”.
Tras el temor a la muerte, se esconden otros fantasmas, muy a menudo vinculados a ese universo de larvas que es el inconsciente. Fernando Savater los pone sobre el tapete a la vez con implacabilidad y una suerte de tierna comprensión para nuestra intrínseca debilidad, derivada quizás de que, como escribe Cesare Pavese: “lamuerte es el reposo pero el pensamiento de la muerte, turba todo reposo”.
A los temas anteriormente evocados (los filósofos y la búsqueda de trascendencia, la entereza en el lecho demuerte, la contradicción entre la existencia delmal y el anclaje en la esperanza) se añaden muchos otros, así el de la diferencia entre los humanos y los demás animales ante la finitud y lamuerte. No puedo dejar de evocar el tratamiento de algún punto que focaliza absolutamente la atención:
Por un lado las páginas dedicadas a la polaridad vida eterna – buena vida.De su lectura se induce que, en algún registro esencial, estamos profundamente apegados a nuestra condición mortal y que no es de verdad cierto que quisiéramos sustituir la vida propiamente dicha por una vida perdurable en la que se perdería “cualquier atisbo de sentido y autenticidad”. Vinculado a este tema surge el de la oposición entre ética y apuesta por el principio de esperanza aún a costa del juicio. Sólo aquel que asume con entereza y lucidez su intrínseca finitud está ensituaciónde vivir la condición humana como esencial “nudo de relaciones” (según la expresión de Saint Exupery), nudo que ha de fortificarse en la actitud consistente en no tomar nunca al serhumano como instrumento. Y una última consideración: la lectura del libro de Fernando Savater me ha dejado una impresión de profunda empatía con un tipo de religiosidad que nos interpela, sin producir el inmediato repudio por parte de nuestro buen juicio. Pues hay, en efecto, ocasiones en las que la afirmación de la trascendencia parece hallarse en las antípodas de la búsqueda de consuelo a cualquier precio. Se trata de esa apuesta que deja perplejo al espíritu ilustrado, simplemente por su radical fertilidad. Estoy pensando en el sentimiento de absoluta veracidad que cabe experimentar ante las palabras conmovidas de Péguy evocando la catedral de Chartres. Sólo la hipótesis de que tal espiritualidad subyace incluso cuando la parafernalia salvadora impera, redimiría el hecho religioso a los ojos demuchos de los que hemos seguido en su lúcida reflexión a Fernando Savater.
EL AUTOR ABORDA AQUELLO QUE MUEVE A LOS HOMBRES A INTENTAR CONCILIAR DOS TÉRMINOS CONTRADICTORIOS, COMO LO SON VIDA Y ETERNIDAD
La vida eterna
Fernando Savater
Ariel. 17,50 euros. 256 páginas
UN PERSONAJE NOVELESCO
MARTA SANZ
BIENVENIDO MR. MARSHALL, ESA PAREJA FELIZ, EL VERDUGO, FUERON ALGUNAS DE LAS MUCHAS PELÍCULAS EN LAS QUE PARTICIPÓ EL VITALISTA MUÑOZ SUAY
Esteve Riambau gana el Premio Comillas con la biografía de un hombre que, difuminado y engrandecido por la sombra, tuvo un peso específico en el desarrollo del cinema en España durante el siglo XX. “El ayudante de dirección mejor pagado del cine español” nunca quiso escribir su autobiografía y, sin embargo, es un ejemplo de la deriva ideológica demuchos de los artistas e intelectuales de este país desde la II República hasta hoy: el compromiso con el gobierno republicano, la guerra, el cultamiento, la cárcel, la militancia clandestina, la lucha por la democracia y la asunción de sus reglas de convivencia, los actos de contrición por las estrategias de lucha puestas en práctica en el pasado son actitudes vitales de Muñoz Suay y de otros, como Jorge Semprún, quien protagoniza páginas y páginas de este volumen y también forma parte del jurado que ha concedido este premio.
La documentación y el fresco de época, trazado por Riambau, son impresionantes; el dibujo de los “personajes secundarios” de la peripecia vital de Muñoz Suay se perfila con una nitidez que los retorna a su carne y a su hueso: la acritud cariñosa de Lola Gaos; Vicente, padre del pintor Muñoz Puelles, su tono menor frente a la socarronería y la vocación intrépida de su hermano; el compromiso político y cultural de Domingo Dominguín; los nombres propios de la cultura hispánica y europea del siglo XX –Neruda,Miguel Hernández, Buñuel,Cesare Zavattini, Paco Rabal, Carlos Barral...- y tambiénde esos otros personajes que han ayudado a construir la identidad de lo que es hoy nuestro cine: Pablo García del Amo, Basilio Martín Patino, Joaquim Jordà... Capítulo aparte merecen los retratos de Berlanga y de Bardem, omnipresentes en estas seiscientas páginas: se le pueden censurar a Riambau los prejuicios con los que aborda el retrato del segundo de estos directores; un sentimiento casi fóbico que se solapa con el del propio Muñoz Suay a partir el tramo intermedio de su existencia. No obstante, se ponen de manifiesto las redes que interconectan lo cultural con lo vital, lo artístico con lo histórico y resultan interesantísimos los cuadernos de bitácora de películas fundamentales, que nos familiarizan con el complicado proceso de hacer cine: Esa pareja feliz, Bienvenido Mr.Marshall, Sangre y luces, Muerte de un ciclista, Viridiana, El verdugo... El nacimiento, evolución y muerte de la productora UNINCI y sus vinculaciones con el PCE, durante la dictadura, constituyen asi mismo una pieza clave en este trabajo.
Muñoz Suay fue un personaje novelesco: un hombre que no coge el barco que lo salvará de la represión franquista, tras la derrota, porque no puede acompañarle en el viaje su amor de entonces. Su gesto lo recoge Max Aub en Campo de almendros. Un hombre que se oculta en casa para no ser encarcelado y que, finalmente, sufre prisión. Un hombre que permanece en la sombra,moviendo los hilos, y que, en la aproximación de la lente de Riambau, en la sobre abundancia de datos que se aportan, se perfila y se desdibuja al mismo tiempo y se convierte en un individuo tan contradictorio e inabarcable, tan complejo a fin de cuentas, como cada uno de nosotros. Un personaje rico enmatices que, pese a las acciones novelescas de su derrota biográfica, no permite la simplificación retórica, la depuración expresiva, de los héroes de ficción.



