ANTONIO GALA
“EN AQUELLA ESPAÑA LA GENTE SE UNÍA PARA TRINCAR”
ENTREVISTA DE NATIVEL PRECIADO. FOTOS DE RICARDO MARTÍN
Toda la vida le ha apasionado la Historia, pero nunca había escrito Antonio Gala una versión tan personal y revolucionaria sobre nuestro Siglo de Oro. Su último libro, El pedestal de las estatuas, se ha convertido, como todos los suyos, en éxito de ventas y en piedra de escándalo para los historiadores más ortodoxos e intransigentes. Cuenta la Historia de aquellos tiempos a su manera, sin misericordia ni compasión, y la pone en boca del secretario de Felipe II, Antonio Pérez, un hombre culto, inteligente, envidioso y traidor, que encuentra unos manuscritos polvorientos en la biblioteca de la Universidad de Pau, a través de los cuales va descubriendo las intrigas del poder y las miserias de los poderosos. Una historia novelada, como le gusta definir a Gala su libro, que requiere un lector con tiempo, sentido del humor, ganas de aprender y capacidad de reflexión. Através de las quinientas páginas largas de la obra, no dejará de pensar el lector en la realidad política que vivimos en estos días con tanto sobresalto y llegará la conclusión, probablemente, que de aquellos polvos vienen estos lodos y que, en definitiva, hay errores históricos tercos y reiterativos.
La historia que narra en primera persona Antonio Pérez es apasionante, pero tan asombrosa que, a veces, resulta increíble ¿Ha procurado que sea fidedigna o se ha dejado llevar por la imaginación?
Es fidedigna. De pequeño era un gran aficionado a la Historia, pero dudaba mucho de las historias incoherentes e insensatas, sin pies ni cabeza, que me contaban los profesores de bachillerato. Siempre quise saber la verdad y, en esta ocasión,me he esforzado por descubrir algunos detalles históricos interesantes, que cuento a través de Antonio Pérez, el hombre que tenía en su poder el testimonio de todos los personajes de la Corte. Quiero que el lector se sorprenda, después se ría de las cosas que se han dicho y piense “pero cómo no me había dado cuenta…” y, por último, reflexione. Con ese propósito he escrito el libro.
El pedestal de las estatuas se queda en la ruina más absoluta; su historia no deja títere con cabeza.
El título fue lo primero que estaba decidido en este libro. Como dice Antonio Pérez, -que conoce todos los secretos de la época- el pedestal siempre es falso y, en general, está lleno de estatuas hechas de abusos, soberbia, ambición, incestos, sangre, llanto y muerte. La mayoría eran unos trincones y unos criminales. Papas, cardenales, emperadores, reyes…han sido los mayores infractores de los principios morales.
“Isabel y Fernando quisieron hacer algo tan difícil como la unidad nacional pormedio de la fuerza…Fastidiaron a todo el mundo”
Llama la atención que se trate con tanto desparpajo a los personajes históricos.
Eso es lo que he añadido a Antonio Pérez. En realidad, no era tan descarado. Hasta cierto punto, respetaba el poder, porque sabía que le proporcionaba éxito y dinero. Le interesaba especialmente el dinero. Lo tuvo, pero, murió supuestamente pobre. Creo que existe cierta justicia y se termina pagando en vida todo el daño que se ha hecho.
Hay que tomarse al pie de la letra, por ejemplo, que Isabel la Católica fue una asesina y una envenenadora.
Isabel la Católica se creía designada por el dedo de Dios para cometer toda clase de tropelías. Cuando todavía era una niña, a los 15 años, mandó envenenar a uno de sus pretendientes, Pedro Girón, Grande del Reino, maestre de Calatrava, porque tenía 45 años y no le gustaba como marido. Cuentan también que colaboró a la muerte de su hermano don Alfonso, que hubiera sido el heredero. Era, sin duda, una megalómana de la divinidad, una asesina y una envenenadora.Yo no la puedo ver.
Da la impresión de que algo hemos avanzado. Ahora la gente se puede casar por amor, antes sólo se concebían los matrimonios por intereses económicos, para unir reinos o buscar descendencia.
La mujer era siempre utilizada para ganar un dinero, una paz o una alianza. Ninguna se hacía ilusiones, ni se le pasaba por la cabeza pensar en el amor. Tampoco es que ofrezcan muchas garantías o duren más los matrimonios por amor, pero, al menos, se produce una renovación de la sangre. Estos monarcas nuestros se casaban siempre con parientes, hasta el punto de que el príncipe don Carlos tenía sólo cuatro tatarabuelos, cuando lo habitual es tener dieciséis. Se casaban primos con primos, tuviera las consecuencias que tuviera. Como eran tan incestuosos, la sangre se iba deteriorando y cada vez salían más tontos.
¿Antonio Pérez era, tal como lo pinta, un ambicioso, un desvergonzado y un traidor?.
Sí, pero al que primero traiciona es a sí mismo. Desde el principio advierte que el mayor deseo de su vida era alcanzar el poder. Lo consiguió, pero a costa de meterse en sus entrañas y de mancharse las manos con él. Sobrevive gracias a que guarda todas las pruebas de las tropelías y los asesinatos que comenten los monarcas, la Iglesia y la nobleza. Por eso todos le temen, pero, al final, termina siendo víctima de sí mismo. Debo aclarar que el libro está escrito sin el menor resentimiento.
¿Es posible conocer la pequeña trama de la Historia, en la misma medida que se han ido registrando los grandes acontecimientos, tales como el resultado de las uniones de los reinos o las grandes batallas?
No investigo el detalle absoluto, sino los corrimientos históricos que se van produciendo. De todos modos, creo que se puede saber con bastante verosimilitud lo que tramaban aquellos personajes y cuáles eran sus intenciones. Se sabe, por ejemplo, qu el emperador, aunque se deja arrastrar por los demás, era una buena persona. A la Iglesia de entonces lo único que le interesan son los reinos temporales, queda, desde luego, como la perejila. El Papa Julio II odiaba a España, decía que era un país de moros y de negros. Los papas procedían todos de las grandes familias (los Orsini, los Medici…) y cuando eran modestos se los cargaban. La Iglesia española era absolutamente decadente.
“La recuperación de la memoria debe tener mayor alcance. No nos podemos quedar en la historia reciente”
¿Ha hecho un esfuerzo muy notable por recuperar nuestra memoria histórica, pero no la de ayer, sino la de hace cinco siglos?
Creo que es imprescindible saber lo que sucedió. Un pueblo que desconoce su historia, no sólo está condenado a repetirla, sino que carece de entidad. La memoria es lo que forma, conforma y organiza a un pueblo. Rescatar los cadáveres de nuestros antepasados más cercanos, está bien, es necesario, pero no nos podemos quedar en la historia reciente. La recuperación de la memoria debe tenermayor alcance.
¿La historia es cíclica y siempre acaba por repetirse?
En nuestro caso, más que un ciclo ha sido una continuidad. En España cada reino se ha buscado la vida como ha podido y eso lo venimos arrastrando desde el siglo XVI. La sociedad española está tan crispada como lo estuvo entonces. Los problemas que tienen actualmente las autonomías, su disconformidad y su inestabilidad, vienen arrastrando desde el decreto de Nueva Planta. A pesar de lo que nos contaban los libros de historia, España no logró la unidad con los Reyes Católicos. Nos mintieron intencionadamente. Isabel y Fernando quisieron hacer algo tan difícil como la unidad nacional por medio de la fuerza. Lograron la unión a base de fulminar a todos los que se oponían a su fe. Expulsaron a los judíos y los musulmanes, se cargaron a los que se resistían y fastidiaron a todo el mundo. La unidad tiene que ser un movimiento voluntario y perdurable, cuando es impuesto por la fuerza se convierte en algo verdaderamente frágil.
¿Cree de verdad que los españoles somos especialmente envidiosos y ambiciosos, como los personajes de su historia, o eso forma parte de la leyenda negra?
Creo que no debemos hacernos muchas ilusiones respecto al carácter español. No quiero hablar mal de Castilla la Vieja, porque toda mi familia es de allí. Se habla de la nobleza castellana, pero eran ruines y envidiosos. En aquella España la gente se unía para trincar. Se iban a la guerra para ganar dinero. Cuando se cuentan determinadas vergüenzas históricas son absolutamente ciertas: los galeones iban cargados de dinero y los pobres soldados ni siquiera tenían uniforme y se les mataba de hambre. No hay tal leyenda negra. Los grandes conquistadores, los héroes de las grandes gestas, se iban a América porque querían enriquecerse. Lo de Bartolomé de las Casas era un cuento y un horror. Hasta mediados del siglo XVI ni siquiera se admite que los indios tengan alma.
¿Por qué el poder, aunque mancha y corrompe como pone en evidencia su historia, sigue resultando tan deslumbrante?
Yo no me siento, de ninguna manera, deslumbrado por el poder. Jamás aceptaría un cargo. Si me nombraran presidente de algo, lo primero que haría sería dimitir. El poder político mancha, corrompe y, además incordia. No es cierto que peligre la unidad de España, como dicen algunos interesados en crispar la situación. Es muy peligroso que los políticos sean incapaces de llegar a acuerdos para acabar con el terrorismo, porque sobre la paz se edifica todo lo demás. Tienen la obligación de luchar juntos contra el terrorismo, que es el único enemigo común, y dejar aunlado los intereses partidistas. Es de vergüenza lo que está sucediendo en España en estos momentos.
“Al primero al que traiciona Antonio Pérez es a símismo. Consiguió alcanzar el poder, pero a costa de meterse en sus entrañas y de mancharse las manos con él”
AQUELARRE AL SIGLO XVI
GULLERMO BUSUTIL
El recurso del manuscrito encontrado le sirve a Galapara construir una pasarela narrativa que une la España de los Reyes Católicos y el final del Imperio heredado por Felipe II. En este largo recorrido por elproyecto político de Isabel La Católica, el auge de la Inquisición o la rebelión de Las Alpujarras, Gala aplica con brillantez su conocimiento de las pasiones shakesperianas para llevar a cabounsugerente e implacable “aquelarre” literario con el que desvela el alma de la Historia fingida, que a lo largode los años fue transmitida sin ninguna clase de interrogantes. A pesar de que la exuberante y minuciosa documentación frena algo la lectura, Gala consigue elaborar un fresco sobre los complejos intereses de la política y los entresijos de los secretos de Estado. Asi mismo el autor retrata, con untono coloquial y culturalista, las traiciones, soberbias y ambicionesde los reyes, nobles y representantes de la Iglesia, mostrando su reverso. Unas veces en busca de desmitificar leyendas o de extrapolar los males y modos del siglo XVI a nuestra época actual y otras para tratar de ennoblecer el papel que tuvieron otros personajes.
Especialmente la figura política y europeísta de Carlos V y la de Antonio Pérez, al que Gala rescata con una mirada condescendiente y melancólica, destinada a resaltar su condición de taimado antihéroe en la autopsia de una época cuya épica fue impuesta por los vencedores, a los que Gala desenmascara literariamente.



