JUAN MANUEL DE PRADA

“LA GUERRA CIVIL ES EL ACONTECIMIENTO MÁS NOVELESCO DE NUESTRA HISTORIA”

ENTREVISTA DE TOMÁS VAL. FOTOS DE RICARDO MARTÍN

Hay tiempos y escenarios que en marcan aventuras que exigen ser contadas de una forma determinada. Por eso, Juan Manuel de Prada, con El séptimo velo, decidió hacer una novela “a la antigua usanza”. La Guerra Civil, la II Guerra Mundial, la Resistencia francesa, el mundo del exilio, personajes aventureros que juegan a la ruleta de la vida, los grandes movimientos políticos… Pasiones, grandes pasiones quemarcan buena parte del siglo XX y que se citan en esta monumental novela.

Sorprende la diferente mirada que Ciencia y Literatura poseen acerca del conocimiento. Mientras que la primera, amedida que avanza en la sabiduría, quita velos y despeja el camino, la segunda, la Literatura, nos adentra en un terreno misterioso, plagado de peligros y de sorpresas desagradables. A su protagonista le sucede algo semejante a Franskenstein, a Mr. Hyde, a Alicia…
Sí, la naturaleza humana semueve en ese terreno. Esta novela trata sobre eso, los componentes misteriosos, oscuros e inexplicables que conforman la naturaleza humana.

¿Tendría, por higienemental y espiritual, que haber conocimientos prohibidos?
Siempre hubo gente que se niega a conocer la verdad. El conocimiento es doloroso y todos nos marcamos zonas de sombra para poder vivir más tranquilos.

En El séptimo velo nos encontramos con un elemento clásico de la Literatura, la búsqueda del padre. Pero ese rito no lo realiza un joven, sino un cuarentón, viudo, ya con su vida hecha y hasta deshecha.
La anécdota se me ocurrió por un caso real que leí en la prensa, un hombre mayor que se encontró con la sorpresa de que quien creía que era su padre, no lo era. Un fiscal amigo me dijo que esto ocurría con mucha frecuencia.

¿Influiría decisivamente en la vida de un hombre, pongamos de la edad de Juan Manuel de Prada, descubrir que su padre biológico no es quien piensa que lo es?
Nuestra época está cambiando vertiginosamente y hoy la paternidad se está convirtiendo en algo relativo; el divorcio
es algo normal y muchos niños crecen sin la presencia de uno de sus padres. Sime ocurriera amí, pienso que sí, queme trastornaría mucho la vida. Se necesitan asideros y sentirse seguro de quién se es, de dónde se procede… Pero tal vez soy una persona extraña en esta época y los jóvenes no sientan estas necesidades.

Sus personajes atraviesan los sucesos más importantes del siglo XX. Podría dar la impresión de que son afortunados; de que nosotros nos perdimos lo más interesante –no sé si lo mejor– que puede ofrecernos la vida.
Probablemente nos hayamos perdido lo mejor, a pesar de ser lo más doloroso. Somos hijos de una resaca histórica, epígonos de una época que toca a su fin. Todas las formas de civilización llegan a una crisis, las Guerras Mundiales en nuestro caso, y luego alcanzan su fin. Nuestra época está tocando a su fin. O hemos iniciado otra sin darnos cuenta. Sí, que nuestros días nada tienen que ver con los de la novela. En la II Guerra mundial es derrotado el fascismo, pero sale victorioso el comunismo. Yo, cuando se conmemora la II Guerra Mundial, no tengo muy claro qué es lo que se conmemora. Vivimos el ocaso de la democracia. El país que exportó la democracia, EE.UU, es una democracia muy vigilada, muy paranoica. Y las democracias europeas son muy débiles.

Ya no se viven grandes aventuras.
La vida y la muerte, en los días de la novela, eran una tómbola y por eso se podían vivir esas aventuras. El sentimiento de peligro convierte la vida en una zozobra y, al sufrir más, se vive más intensamente. La vida más arriesgada es más memorable.

En la novela no salen muy bien parados los comunistas.
He tratado de distinguir entre las personas y las ideologías que inspiran su acción. Y he querido contar cosas de las que la gente no tiene noción: los dos años en los que Hitler fue aliado de Stalin; la actitud que tuvieron los comunistas franceses durante el primer año de ocupación…

Y ajusta cuentas con algunos exiliados españoles.
Estas cosas no se cuentan, no son políticamente correctas, pero cuando se libera París y se inicia la represión, los que están al frente de las cárceles y las checas donde se torturaba, son los comunistas españoles. Es un dato histórico. Y los franceses les ceden el mando porque los españoles son muy crueles y harán bien el trabajo. Sobre los exiliados republicanos hay mucha información falseada. No se cuenta que una tercera parte de los exiliados en Francia regresaron a España incitados por el gobierno republicano en el exilio, que les dijo que volvieran, que no les pasaría nada. Volvieron y sí les pasó.

Entramos en el proceloso mundo de la memoria histórica.
Para mí no es tan proceloso. Las cosas se pueden investigar y conocer. Pensaba escribir una novela muy heroica sobre la Resistencia Francesa, tenía esa imagen mitificada y falseada, pero al investigar me di cuenta de la realidad. Y sobre la realidad se puede hablar con normalidad. Hay que tener una mirada piadosa sobre el pasado, darse cuenta de que se cometieron errores, hubo culpas, pero esos errores y culpas los cometieron muy poca gente. La mayor parte era pobre gente arrastrada por el río de la historia. En estos últimos años se están haciendo unas revisiones muy ideologizadas, se extiende la ideología a la pobre gente que sufrió las guerras.

¿Es la España actual tan heredera de la Guerra Civil como herederos son sus escritores? La novelística actual se está ocupandomucho de la Guerra Civil. ¿Preocupa tanto ese tema a la sociedad actual?

No creo que España esté tan ideologizada como se pretende. Sí percibo en España el cainismo –más atávico que ideológico–; el odio sigue siendo una pasión muy metida en la vida española. Pero no nos engañemos: la gente de menos de treinta años ni siquiera sabe qué peones estaban en juego en aquellos años. Puede haber tópicos enquistados, pero no creo que la visión de la guerra civil obedezca a una necesidad popular.

Y la necesidad de escribir sobre esos años, ¿a qué obedece?

Habría que distinguir entre escritores y escritores. Se están publicandomuchas novelas que son bochornosamente politically correct. Hay otras que obedecen a la necesidad de contar pequeñas historias, de buscar en la memoria personal…La vuelta de la Guerra Civil es consecuencia del descrédito de la novela. Las historias de pura ficción parece que no llegan al lector y hay que legitimar la novela apelando a la historia.

¿Es la Guerra Civil el acontecimiento más novelesco de la historia de España?
Sin duda. En España y fuera de España. Es impresionante el interés que despierta fuera. La imagen más nítida que hay en España es el cuadro de Goya, la pelea a garrotazos, y la Guerra Civil ejemplifica eso perfectamente.

Posee el Planeta y el Primavera. ¿Por qué se presentó al Biblioteca breve?
Tengo mi obra muy dispersa y quería tener una editorial en la que me apeteciera reunir toda mi obra. Lo pensé mucho tiempo y llegué a la conclusión de que la editorial que más me apetecía era Seix Barral. Y como soy un concursante nato, me gustan los concursos, me presenté a este premio y tuve la suerte de ganarlo.

“La vuelta de la Guerra Civil es consecuencia del descrédito de la novela. Las historias de pura ficción parece que no llegan al lector y hay que legitimar la novela apelando a la historia”