ANTONIO GAMONEDA
“EN LA VEJEZ HAY UNA LUZ QUE NOS MUESTRA EL VACÍO”
ENTREVISTA DE EUGENIO FUENTES. FOTOS DE RICARDO MARTÍN
Premio Cervantes 2006
Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) vive en León desde los tres años. Su poemario Descripción de la mentira, escrito entre los estertores del franquismo y los primeros compases de la transición, marca su ruptura con la poesía que llama informativa para, explica, buscar la revelación de lo Desconocido. Luz y frío, muerte y vida, pérdidas y presencias, olvido y memoria son palabras clave en su obra. Nada interesado en grupos y generaciones, fue tachado de hermético y su reconocimiento no empezó a llegar hasta mediada la década de 1980.
El próximo día 23, Gamoneda recibirá el premio Cervantes“ por borrar la anécdota realista”. Vemucha poesía en elQuijote, Garcilaso, SanJuande laCruz yGóngora, pero también en los simbolistas franceses, Lorca, Vallejo, parte de Cernuda y Claudio Rodríguez. En cambio, confiesa que el ritmo anglosajón no casa bien con los que vertebran su poesía, concebida desde el sufrimiento.
¿Por dónde me aconseja empezar Esta luz, su poesía reunida?
En el año 76, con Descripción de la mentira, llega una inflexión muy fuerte en mi pensamiento poético y en mi vida. Ese libro es biografía, un tanto escondida, pero biografía. Se produce una apertura del pensamiento y del lenguaje, que son indisociables. Cierta crítica, curiosamente, llama hermetismo a esa apertura. Puede que tengan razón.
¿Una apertura hacia dónde?
Hacia una vertebración del lenguaje y el pensamiento poético que crean un mayor espaciopara la polisemia, la ambigüedad y la diversidad de lecturas. Apartir de Descripción de la mentira el lenguaje ya no es informativo, sino que se dirige a un componente sustancial de mi escritura, lo Desconocido, y busca su revelación.
¿La poesía como vía de conocimiento?
Escritores y críticos hemos hecho un tópico de la poesía como conocimiento. ¿Conocimiento de qué? ¿De lo que puede ser conocido por otras formas de comprensión más ligadas al pensamiento discursivo, reflexivo o filosófico? No. Conocimiento de algo que se desconoce y que no se le revela al poeta hasta que no se lo dicen sus propias palabras: lo sabe pero no sabe que lo sabe. Conocimiento de la realidadque lapoesíamisma es.Porqueno se trata de ficción, casi no es literatura. La poesía lleva consigo la memoria, el miedo, el gozo, el sufrimiento del propio poeta. Es como una emanación más de su existencia. Una realidad. Intelectual, pero realidad.
Cuando empieza a hacer esta poesía, los tiros no van por ahí en España.
La línea que llaman “clara”, o poesía de la experiencia, son formas de realismo no demasiado distintas de las que se encuentranenel siglo XIX. Para mí la poesía no es un problema de realismo, una opción estilística, sino de realidad. Yo, provinciano vocacional, no he estado nunca en grupos ni tendencias, ni me he sentido embarcado en una manera colectiva de entender el hecho poético. He estado muy poco acorde con la poesía social de posguerra o, después, con la llamada generación del 50, que tenían como dominante el realismo. No por afán de originalidad, sino porque mi poesía se corresponde con mi vida y mi vida ha sido la de un solitario.
La poesía lleva consigo la memoria, elmiedo, el gozo, el sufrimiento del propio poeta. Es como una emanación más de su existencia
¿Se sentía un bicho raro?
No, no, no. Tengo grandes dudas respecto de mi escritura y un miedo terrible a la hoja enblanco, pero respecto a las tendencias dominantes realistas, siempre he tenido una sospecha, quizá un poco peligrosa, aventurada y hasta cargada de cierto orgullo. Yo decía: estos chicos piensan que están seriamente en la tradición. Para mí la única manera de estar seriamente en la tradición es estar en su punta, haciéndola avanzar, no retrotrayéndose a formas del pasado.
Con los años ha ido llegando el reconocimiento y, con el premio Cervantes,muchos críticos le consagran como una de las voces más importantes del último tercio del siglo XX.
Me hace un poco de gracia, porque mi escritura no es ni un ápice mejor porque tenga un premio.Mi relativa soledad hacía que no encajase en el paquete generacional en el que profesores y críticos son tan aficionados a incluir a los poetas. Yo he sido siempre difícilmente empaquetable. Y eso ¿qué trae consigo? Pues que lo más sencillo es olvidarse. Y luego, una causa también externa a la poesía, los premios, les obligan a poner más atención. Las cosas suceden así.
Si teclea Antonio Gamoneda, internet le ofrecerá unas 200.000 entradas.
Un número de entradas tan grande tiene que llevar consigo muchas tonterías. Un día me hablaron de una entrevista en internet en la que yo había dicho no recuerdo qué, algo que me resultaba raro. Nunca había hecho esa entrevista. Como material informativo hay que tener cuidado con internet.
Descripción de la mentira, decía, corresponde a un cambio biográfico.
En ese libro hay ya una línea que me encuentro cuando menos lo espero y que, resumida, dice: atravesábamos las creencias. Descripción de la mentira se escribe cuando muere Franco y la dictadura empieza a convertirse en otra cosa. Mi poesía anterior a la llamada transición y mi actitud como ciudadano y poeta eran sencillas y difíciles: estaba muy claro que había que estar contra la dictadura. Y cuando la dictadura empieza a disolverse se produce una especie de desconcierto: “No era esto”. Nuestra esperanza histórica era otra, no una democracia interpretada. Y mi escritura empieza a ser otra. En alguna medida es una forma de resistencia.
¿La reescritura de algunos poemas para Esta luz se vincula a ese cambio? En Tren de Matallana, por ejemplo, desaparecen las menciones a España.
Los datos existenciales se han modificado. La reescritura ha dado como resultado el antipoema de su predecesor. La primera versión habla de una manera combativa, esperanzada y con pocas dudas. Lo que desaparece en la segunda versión son las formulaciones esperanzadas, la noción de España como algo que es objeto del poema.
El reconocimiento trae las etiquetas. Por ejemplo, el sufrimiento.
Sé muy bien que la mayor parte de mi escritura se fundamenta en el sufrimiento, aunque la causa y la utilidad de la poesía es crear el placer que le es peculiar. Ocurre con el setenta por ciento de la poesía desde que tenemos noticia de ella. No hay ninguna originalidad por mi parte.
Y frente al sufrimiento, el olvido parece un anhelo cuando escribe: “La única sabiduría es el olvido”.
Sí, pero no es cierto. La poesía es un arte de la memoria, aunque a veces la memoria esté llena de olvido. Pero sólo se olvida lo que no tiene peso existencial. Lo que condiciona seriamente la vida, benéfico o maléfico, no suele ser desplazado por el olvido. Ocurre que en la poesía no hay una salvación, pero lo parece. Se convierten los datos del sufriente en un objeto de arte, cuya finalidad es producir alguna forma de placer. Estamos creando una transmutación seria del sufrimiento, convirtiéndolo en algo que, sin perder su origen, tiene otra función. En el fondo, no creo en el olvido. Es una contradicción, pero la contradicción es un mecanismo generador de poesía. Contradictoria, claro. Me muero de risa cuando dicen de alguien que es un poeta muy coherente. La coherencia más bien es una especie de parálisis del pensamiento.
La luz a la que alude Esta luz
La polisemia hace que sean muchas luces. Añadiré que, no sé por qué, en la vejez hay una luz, no muy reconfortante, que nos muestra el vacío. En Cecilia hay una cita de Lezama Lima que lo explica mucho mejor que yo: “La luz es el primer animal visible de lo invisible”.
Su nieta Cecilia, con la que recogió el premio Reina Sofía, ¿es la alegría en medio de esa vejez?
La alegría, exactamente, no, aunque está cerca. En Cecilia hay una falsa recuperación de la existencia que actúa como si fuese verdadera. Cuando piensas que no existe más que esa luz vacía y que tu porvenir sólo va a atravesar ese espacio, de repente se produce un extraño accidente, la aparición de un pequeño ser en el cual te sientes vivir. Eso no me ocurrió ni con mis hijas, quizá porque no era viejo. Aunque, finalmente, llega la evidencia de que también eso va a cesar. Pero algo es algo.
No he estado nunca en grupos, ni me he sentido embarcado en una manera colectiva de entender el hecho poético



