LA FIESTA LITERARIA DE SANT JORDI

En 1965, a instancias de los editores catalanes, la UNESCO decidió que el 23de abril se convirtiese en el Día Mundial del Libro

ÓSCAR LÓPEZ

En el año 2000 se calculó que en el Día del libro había 730.000 puntos de venta repartidos en todo el mundo

Lo que ocurre en Cataluña el 23 de abril es para no olvidarlo. Una frase similar a esta es la que suelen comentar aquellos escritores que por primera vez tienen la oportunidad de firmar enunade las fiestas tradicionalesmás sorprendentes y entrañables que existen. Sirva como ejemplo lo ocurrido en la edición del año pasado cuando ElizabethKostova, autora de la exitosa novela La historiadora, impresionada por lo que estaba viviendo, repitió hasta la saciedad que esta fiesta literaria y floral se tendría que exportar a los Estados Unidos. Y es que durante toda una jornada, sea laborable o no, llueva o haga un sol de justicia, la gente sale a la calle para comprar el libro, la rosa, o ambas a la vez, y regalárselo a la persona querida. A partir de las 11 de lamañana y hasta las 20 horas se produce elmilagro: la ciudadanía se reproduce por esporas fuera del lugar de trabajo, y se lanza entre los tenderetes desparramados por calles y plazas; los medios de comunicación montan sus puestos en aquellos lugares privilegiados para poder realizar las conexiones en directo; los diarios y revistas ya han publicado completos dossiers sobre los libros candidatos a convertirse en los grandes triunfadores de la jornada; y las bibliotecas organizan infinidad de actos, mientras las instituciones públicas celebran encuentros con los ilustres de la ciudad para testimoniar su apoyo al evento. Ya hace siglos que el caballero Sant Jordi sale de su castillo para cargarse al dragón, pero sólounas decenas de años que lohace rodeado de libros.

EL PASADO

A pesar de ser una de las fiestasmás conocidas, aún hay quien se pregunta de dónde surge toda esta movida. Vaya por delante que para los catalanes, Sant Jordi es el patrón de los enamorados, por aquello de que el caballero salva a su princesa de las garras del monstruo, tal y como quedó inmortalizado en la legendaria narración del siglo XII, La leyenda dorada de Santiago de la Vorágine. Pero el asunto de la rosa tiene  su origen en la Feria de los Enamorados que se organizaba en Barcelona durante el siglo XV. Fue en 1459 cuando las Cortes Catalanas, reunidas en la Catedral de la Ciudad Condal, confirmaron que el  23 de abril sería festivo. Durante esta jornada era habitual celebrar funciones religiosas y obsequiar a las damas con un ramo de flores y dulces. Pero fue a finales del siglo XIX cuando en la Plaza San Jaime de la capital catalana, además de la feria de rosas, se organizó otra de quincalla, juguetes y libros viejos. Sin embargo, hubo que esperar al 7 de octubre de 1926, para que se instaurara la fiesta del Día del Libro en conmemoración del nacimiento deMiguel de Cervantes, a instancias del escritor y editor valenciano Vicente Clavel Andrés, afincado enla Ciudad Condal. El 6 de febrero de ese año, el gobierno español presidido por Miguel Primo de Rivera lo aceptó y el rey Alfonso XIII firmó el Real Decreto que instituyóla Fiestadel LibroEspañol. Pero viendo que esa fecha se solapaba con el inicio del curso escolar, en 1930 se trasladó al 23 de abril, día de lamuerte de Cervantes, y curiosamente también de Shakespeare. Cierto es que la fiesta se declaró oficial para toda España, pero solo prosperó en Cataluña. Así fue como las flores y los libros se fundieron en una sola jornada festiva. Pasaron los años, y en 1995, a instancias de los editores catalanes, la UNESCO decidió que esa jornada se convirtiera en el Día Mundial del Libro. Desde entonces, la fiesta se ha exportado por todo elmundo, cuajando en países como Inglaterra y Japón. Aquellos que quieran pruebas, que tomennota: en el año 2000 se calculó que aquel día había 730.000 puntos de venta repartidos en todo el mundo.

EL PRESENTE

Ya nada puede detener este fenómeno sentimental y también empresarial. Lo que en su día sólo fue una cuestión social, ha pasado a convertirse también en un acontecimiento industrial de primer orden. El sector editorial sabe que,durante esa jornada y según vaya la climatología, puede facturar entre el 10 y el 20de las ventas de todo el año. Durante la edición del 2006 se superó la cifra de los 20millones de euros. Nohay feria del libro en España, por más días que dure, que alcance ni por asomo este importe. De ahí la importancia de planificarlo todo. Para ello, meses antes se calculan los stocks de libros necesarios, se consensúa qué escritores vendrána firmar, aunque suele invitarse a todo elmundo pormucho que se sepa que sólo unos pocos seránlos privilegiados que firmen mucho y, cómo no, se pondrá una vela al santo que corresponda para que no llueva. Hablamos de más de 600 tenderetes repartidos por toda Cataluña, que pueden albergar, como poco, unos 150.000 títulos, de los cuales más de una tercera parte seránnovedades. A partir de ahí, que Dios reparta suerte. El público se lanzará a degüello sobre sus autores favoritos, cadavezun mayor número de empresas comprará partidas ingentes de libros y rosas para regalar a sus empleados, y no habrá político o personaje conocido que no sea preguntado sobre el libro que le han o ha regalado. Tras la dura lucha festiva, el dragónresucitará y se esconderá de nuevo en su cueva. Sabe que dentro de 12 meses, en otro 23 de abril, deberá vérselas de nuevo con el caballero y su princesa.

LAS FIRMAS

La jornada de firmas se divide, de entrada, en dos grupos: aquellos que están acostumbrados a sufrir tendinitis en sus muñecas, y los que se tiran de cabeza al Prozac por no sufrirla. En los últimos años se recuerdan las interminables colas de Antonio Gala, a quien su secretario le prepara los libros uno a uno para poder irmás rápido, o Arturo Pérez-Reverte, que siempre provocaban auténticas persecuciones entre traslado y traslado, dignas de una estrella del rock. Lo mismo ocurrió con Javier Cercas, que durante un par o tres ediciones se convirtió en elmás vendido, llegando a cancelar alguna firma porque literalmente se provocaban avalanchas que ponían en peligro su integridad física. Y qué decir de Carlos Ruiz Zafón, que como tiene la costumbre de dibujar un dragón junto a la firma, se ralentiza el ritmo y es imposible contentar a todos sus fans. Sin embargo, desde hace unos años, los escritoresmás literarios han compartido éxito de ventas conaquellos otros etiquetados como mediáticos, lo que ha provocadomás deuna polémica. De entre ellos, el number one es Andreu Buenafuente, hoy gran estrella en Antena 3 TV, que con varios libros demonólogos a sus espaldas es el único al que se le monta todos los años un stand para él solito. Pero Sant Jordi ha permitido comprobar que lo de firmar agudiza el ingenio. Por ejemplo, Lucía Etxebarría solía ir en sus inicios con un kit de firmas, compuesto de un tampón y un surtido de rotuladores de colores, sistema que mejoró la cantante Maria Jiménez, cuyo tampón llevaba inscrito su nombre y la marca de sus labios, para así ahorrarse la faena de firmar. Pero también se ha podido ver a Ricardito Bofill gritando a los transeúntes que le compraran un libro y a Ana Botella promocionando a sus compañeros de firma. Claro que los lectores también hacen de las suyas. Desde la señora que preguntó en su día dónde firmaba Mossén Cinto Verdaguer, un clásico de la literatura catalana muerto en 1902, al lector confundido que le pidió a Santiago Roncagliolo que le firmara un libro de Jaime Bayly creyendo que era él, a lo que el primero accedió gustoso. No hay duda, lo acontecido en tantos años de firma, da, como poco, para un libro.


El sector  editorial sabe que, durante esa jornada y según vaya la climatología, puede facturar entre el 10 y el 20de las ventas de todo el año