GARCÍA MÁRQUEZ: UNA TRAYECTORIA INVERSA
El nobel colombiano inició su carrera literaria construyendo un mundo propio, Macondo, para frecuentar más tarde modelos ya existentes
ÁLVARO SALVADOR
Crónica de una muerte anunciada cierra el mundo mítico iniciado con Cien años de soledad
Uno de los rasgos más característicos de la obra de Gabriel García Márquez es el de su extraño recorrido inverso. Normalmente, la trayectoria de un escritor suele ir desde un periodo inicial de aprendizaje e imitación, en el que se practican ciertos modelos literarios establecidos y se homenajea a los grandes maestros de la tradición, hasta un momento de madurez en el que, poco a poco y habitualmente con lentitud y dudas, el autor construye su propio mundo. En el caso del maestro colombiano, el recorrido ha sido el inverso: García Márquez inicia su trayectoria literaria con la obsesión por la construcción de un mundo, el mundo mítico de Macondo, y a esa obsesión están dedicadas sus primeras obras, hasta la aparición de Cien años de soledad.
Después de que ésta última obra fuese considerada por la crítica como una de las grandes cumbres de la narrativa en castellano de todos los tiempos -"un Quijote moderno", se llegó a afirmar-, García Márquez se enfrentaba con el difícil desafío de seguir siendo un escritor que no desmereciera demasiado del escritor genial que había firmado la obra maestra. En un primer momento, los restos inconclusos de ciertos caminos que había explorado al buscar los registros de la atmósfera adecuada para Macondo, le permitieron mantener el nivel sin demasiada dificultad, como deja muy a las claras El otoño del Patriarca. Pero tras cerrar ese mundo mítico definitivamente -incluso con la escenificación de un sacrificio simbólico- en Crónica de una muerte anunciada, estaba obligado a recorrer otros caminos. Esos caminos, paradójicamente, habrían de parecerse sobremanera a los que la tradición ofrece a los escritores jóvenes en su periodo de aprendizaje.
TRADICIONES LITERARIAS
En El otoño del patriarca (1975), García Márquez se inscribe en una de las tradiciones más antiguas y fructíferas de la literatura hispanoamericana: la novela del "dictador", precisamente revitalizada en esos años por otros grandes escritores hispanoamericanos contemporáneos al colombiano. Como señaló Teodosio Fernández, cuando se aproxima a la figura del dictador americano, García Márquez quiere "indagar en las claves que permitirían explicar la compleja realidad de Hispanoamérica."
Crónica de una muerte anunciada (1981), en cambio, se acoge a una tradición más universal y simultáneamente más contemporánea: la novela/ crónica negra, directamente emparentada con el periodismo, con su pizca de sensacionalismo y una gran voluntad de denuncia social. Aunque Crónica... es también mucho más: el mismo García Márquez la calificó como su mejor novela. Desde el punto de vista formal y estructural supone el máximo ejemplo de maquinaria literaria que García Márquez ha ofrecido a sus lectores y a sus críticos, a pesar de que algunos, bastante notables, no se percataran en un primer momento de la trascendencia de la novela. Lo que, por ejemplo, Girardot interpretaba literalmente como un paso atrás, en realidad, no era más que la demostración de la no pertinencia de los mitos ni de las sublimaciones de la realidad hispanoamericana en los años presentes y la necesidad, posmoderna, de revisitar los modelos genéricos de la tradición.
LA INTUICIÓN PERIODÍSTICA
No obstante, y continuando con el carácter genésico de la trayectoria del escritor colombiano, el origen de El amor en los tiempos del cólera (1985) está en el núcleo de la historia que se nos cuenta en la Crónica: el final feliz de los amores imposibles de Ángela Vicario y Bayardo
San Román. Aunque la intención de reescribir los subgéneros de la tradición americana y universal sea muy firme para García Márquez en estos momentos, sin embargo no abandonará nunca el venero de la tradición oral ni tampoco las maneras o los recursos que constantemente le presta su intuición periodística. Desde el primer párrafo, queda claro que la novela pretende ser una reescritura de la tradición hispanoamericana de la novela sentimental, con sus homenajes librescos, sobre todo el que se dedica al texto fundacional de la novela lacrimógena hispanoamericana, María de Jorge Isaacs.
Desde esta posición, la recurrencia al tema de la historia, entendida esta Historia con mayúsculas, era inevitable. Si, como vimos, la figura del dictador había sido utilizada por los escritores del boom para indagar en las señas de identidad específicamente hispanoamericanas, no parecía muy disparatado suponer que en el origen remoto de esa figura pudieran esconderse claves que ayudaran a comprender el desenvolvimiento histórico de aquellos pueblos. Por lo tanto, García Márquez dedica su novela El general en su laberinto (1989) a la figura fundamental del panteón hispanoamericano, recreando el último viaje del Libertador por el río Magdalena. El episodio es poco conocido y está poco documentado, pero lo que interesaba a García Márquez -amén del viaje mismo por el río Magdalena- era el carácter de resumen temporal en el que, ante la proximidad de la muerte, podía concentrarse toda la vida del personaje; resumen que García Márquez utiliza como reflexión acerca del fracaso de las utopías.
No es de extrañar, por tanto, que siete años más tarde un libro como Noticia de un secuestro (1996), desconcertara de igual modo a críticos y lectores. Porque esta nueva crónica periodística insiste en la indagación de lo que el propio autor definió como "ese drama bestial, que por desgracia es sólo un episodio del holocausto bíblico en que Colombia se consume desde hace más de veinte años. García Márquez aborda el problema, no desde la ficción o la construcción simbólica de metáforas alusivas, sino desde la sequedad de la reconstrucción fidedigna de hechos reales dramáticos y la caracterización fría y precisa de los personajes reales que las protagonizaron.
Dos años antes, García Márquez había publicado otra novela relacionada de inmediato por la crítica con el tema amoroso e incluso con el antiguo mundo mágico de sus primeras novelas, Del amor y otros demonios (1994). A pesar del prólogo en el que el autor finge la documentación "verídica" de la historia, casi toda la narración es fruto exclusivo de su imaginación. El tema central de la novela es efectivamente el amoroso, sin embargo, no se ha reparado en que el tratamiento que García Márquez hace de este tema amoroso es muy diferente y que, en cierto, modo se conecta con otro subgénero muy en boga a comienzos de los años noventa del pasado siglo: el de los libros juveniles neogóticos, inspirados en el mundo legendario medieval. En esta novela ocurre algo parecido a lo que Teodosio Fernández señalaba para el libro de cuentos publicados dos años antes, Doce cuentos peregrinos (1992), en los que lo maravilloso parece haber regresado, aunque lo que ocurre realmente es que "al liberarse de la pretensión de fijar la identidad latinoamericana, la imaginación parece acercarse al ámbito de la literatura fantástica y cuanto ella supone de experiencia estremecedora en los límites del misterio".
He aquí, por tanto, el camino inverso que García Márquez ha trazado en su trayectoria de madurez, desde la genialidad, desde la obra maestra, a la humildad de los homenajes y la imitación de los subgéneros. Una nueva lección de humildad, pero también de sabiduría, porque el maestro es muy consciente de cuáles son y dónde se esconden las fuentes generadoras del mundo remoto y maravilloso de Macondo.
García Márquez ha trazado un camino que ha ido desde la obra maestra, a la humildad de los homenajes y la imitación de los subgéneros



