LA NUEVA NOVELA DE GARCÍA MÁRQUEZ

El escritor colombiano piensa que el oficio periodístico ha perdido el rumbo, aunque mantiene la esperanza de que cambie por el bien de todos

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

Embutido en su saco de cremallera y agarrado a su bastón, esperaba sentado, junto a su mujer, Mercedes, frente a la puerta de embarque 12, el vuelo AM508 que lo llevaría de México DF a Guadalajara para asistir al día siguiente a la inauguración de la Feria del Libro, edición dedicada el pasado año a Andalucía. Varios policías custodiaban la presencia del Premio Nobel de Literatura, mientras algunos pasajeros lo saludaban con admiración lo le pedían la dedicatoria de un libro. Ahora le cuesta agacharse para recoger el bolso de equipaje. Pero cuando lo conocí en Sevilla veinte años atrás, vestía una vitalidad a prueba de bombas. Entonces estaba escribiendo El amor en los tiempos del cólera. Al editor Pedro José Crespo le dice que, en efecto, ésa es su mejor novela.

Se siente satisfecho de su breve y última obra publicada, Memoria de mis putas tristes. Ahora, dice, no escribe. Se ha tomado unas breves vacaciones. Pero advierte, con una mueca de complicidad, que tampoco este libro será el punto final a su obra de ficción. “Te puedo asegurar que no será mi última novela”. Lo dice porque ya la ha terminado y ahora reposa, como hace siempre, los meses previos a su publicación. Le gusta escribir un libro y dejar que el trabajo descanse unos meses o años, hasta que se siente seguro del resultado último. Mientras tanto, no abandona sus memorias. Cuando nos volvimos a ver en Cuba dos años atrás, me contó que trabajaba incansablemente en su segundo tomo autobiográfico, tarea que no abandona pero en la que ha abierto un paréntesis para respirar y medir sus frases de escritura perfecta.

No puedo evitar preguntarle por la salud de Fidel Castro. La prensa publicó en aquellos días que se agravaba su enfermedad. García Márquez no elude la pregunta porque tiene la respuesta fabricada: “Los amigos estamos obligados a decir que está mejorando, que su vida no corre peligro”. Lo afirma convencido, pero con el gesto de preocupación de quien sabe que, más allá de las noticias oficiales u oficiosas, la vida resquebrajada del comandante difícilmente superará las próximas crisis.

Con la mirada fija en la portada de Relato de un náufrago, rememora sus años de reportero y confiesa, con cierta nostalgia, cómo ha ido cambiando el oficio del periodismo, cómo las nuevas tecnologías han influido negativamente en el proceso de producción de la información y cómo los medios de comunicación, que cuenta con sus propios dedos, se han diversificado en la Red, en las ondas y en el propio papel impreso. Pese a tantos cambios y los numerosos y nuevos medios de comunicación, piensa que el oficio ha perdido el rumbo pero mantiene la esperanza de que algún día tendrá que cambiar por el bien de todos.

Conocí a Gabo en Sevilla en el año 1986. Entonces estaba escribiendo El amor en los tiempos del cólera, un libro del que decía que había tomado otros rumbos y que ya entonces estaba “muy lejos de la idea original”. De Crónica de una muerte anunciada aseguraba que es el libro que más se parecía “al que yo quería escribir desde el principio”. En aquel encuentro me habló también de un libro que nunca más ha vuelto a nombrar. El libro ya estaba casi terminado y se titula Cuba: la vida cotidiana durante el bloqueo:“Lleva la vida tal velocidad que no me deja atajarlo. Es un libro periodístico que lo he ido dejando. Se puede terminar cuando se termine el bloqueo. Como es periodístico, uno va tachando detrás de la realidad y cuando un libro se atrasa pierde intensidad. Trato de resolverlo lo más pronto posible”. Tal vez estos días, pensando en su amigo Fidel, el libro haya vuelto a su memoria y al escritorio, porque la vida y el periodismo se consumen en un mismo tiempo.