EL VALOR DE UN CONGRESO

La fuerza económica y la confianza en la lengua suponen un importante componente de crecimiento del español y su cultura.

JORGE URRUTIA

Director académico del instituto Cervantes

Hay maravillas a las que no acaba uno de acostumbrarse, como la extensión del español. Tras catorce horas de viaje aéreo (¡qué sería tras las semanas de trayecto marítimo!) llega el viajero, somnoliento y como disgustado, con sensación de un escaso aseo personal, hasta el hotel. Allí, un mozo lo saluda en un correcto español. Puede el viajero razonar los motivos históricos, incluso enorgullecerse con carácter casi retroactivo, pero nada de ello suprime la sorpresa, la inquietud ante una lengua que se nos aparece así, de repente, como misteriosa y casi mágica.

Asistimos a un crecimiento grande del interés por el español. Varios son los factores que han contribuido a que las miradas del mundo se vuelvan hacia él. Sin duda, el aumento demográfico de la población de origen hispano en los Estados Unidos de América, con lo que ello ha significado de fuerza económica. También el largo período de bonanza económica de España y la importancia cobrada por el país y por sus empresas en el ámbito internacional. Por último, sin ánimo de elaborar prioridad alguna, la fuerza emergente de los países hispanoamericanos.

Ni la demografía ni la economía, por sí solas, son suficientes para despertar el interés por la lengua. Influyen de modo importante, eso sí, en el aumento de confianza que en ella se deposita. La confianza es un componente del crecimiento que los economistas clásicos no dejaban de considerar y que, en lo que se refiere a la economía de la lengua resulta fundamental. Todo el esfuerzo del Instituto Cervantes se dedica, al fin y al cabo, a aumentar la confianza en el español y su cultura.

La sorpresa por el uso inesperado del español surge de una curiosa falta de confianza en su extensión y en su capacidad de crecimiento. Nada tiene, por lo tanto, de particular, que se haya establecido un foro JORGE URRUTIA periódico de reflexión sobre el presente y el futuro de la lengua española, en el que se intercambien diagnósticos, ideas e incluso pronósticos. Ese foro lo constituyen los Congresos Internacionales de la Lengua Española que se reúnen cada tres años.

El Instituto Cervantes tiene encomendadas por el Estado la difusión y la defensa del español. Lógico es, por ello, que recaiga sobre él la organización de los Congresos Internacionales de la Lengua, junto con la RAE y la inestimable colaboración de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Además, se cuenta con las autoridades del país donde se lleva a cabo el encuentro.

Allí se tratan aspectos o situaciones de la lengua que han adquirido importancia destacable. Así, por ejemplo, el uso del español en la ciencia, cuestionado y que es urgente asegurar. Del mismo modo conviene discutir su posición en la arquitectura y en el comercio o el espacio que se le concede en los organismos internacionales. Ello conlleva la unificación de la terminología científica, jurídica, etc. La extensión del español obliga a ocuparse de la metodología de su enseñanza y de la necesaria unificación de los criterios para la certificación de su conocimiento como lengua extranjera, tema éste que se resolverá en una reunión de rectores en Medellín los días anteriores al Congreso de Cartagena de Indias.

Y está la literatura que parece crear una patria por encima de las patrias, mundo de referencias que comparten los escritores más allá y más acá de las fronteras. Numerosos autores acudirán a Cartagena de Indias y, antes a Medellín, para presentar su obra y conversar con los asistentes.

En Manila o en Malabo, en cualquiera de las ciudades y de los pueblos de Hispanoamérica o de España, en tantos y tantos lugares de los Estados Unidos, puede surgir la sorpresa, el misterio, y plantear menos problemas a la lengua española. Los congresos contribuyen a que, al menos, no nos pillen desprevenidos.

Es urgente asegurar el uso del español en la ciencia, a pesar de estar cuestionado en la actualidad